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Cecilia Azar
Querido Memo,
Hoy es 7 de septiembre de 2017 y nos encontramos todos reunidos en lo que será la primera edición del Mexican Arbitration Day organizado por ICC. Lo peculiar, y por eso me atrevo a convocarte, es que decidimos dedicarte este evento.
Te cuento que me tocó el honor inmerecido de preparar tu semblanza curricular y para ello, me pareció buena idea escribirte esta carta, tal vez por la necesidad de charlar un rato contigo, o quizá, para decirte cosas que quisiera que supieras o, como dijera el personaje de ‘Carta a una señorita en París’ de Cortázar, tal vez porque llueve.
Posiblemente te gustaría que empezara por decir que perteneces a una familia numerosa, integrada por hermanos, hermanas, sobrinos, sobrinas, todos con el sello característico de los Aguilar Álvarez y unidos por el enorme amor y el ejemplo de tu madre. Te cuento que tu hermana Becky está aquí acompañándonos. Te casaste con Andrea, conocida por todos como Andy y tuviste dos hijos, Claudio y Patricio, que si bien llevan años viviendo en Estados Unidos, disfrutan y aman su país natal siguiendo tu ejemplo.
Estudiaste derecho en la Facultad de Derecho de Ciudad Universitaria de 1978 a 1983, ¿cómo no? si ante todo eres Puma.
Después de trabajar en México con Don Jorge Barrera Graf y ser investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, en 1984, te mudaste a Francia. Ahí empezó tu experiencia en arbitraje como consejero de la Corte Internacional de Arbitraje de la CCI en 1985, puesto que ocuparías hasta 1990. Le tomaste especial cariño al arbitraje comercial, tanto, que te volviste icono y referente internacional de la materia. Nada de lo que hacías era a medias, Memo; si había que hacer algo, tenía que estar bien hecho.
Cuando iniciaron las rondas de negociación del TLCAN, en 1990, Carlos Salinas de Gortari y Jaime Serra Puche te llamaron para representar a México como Abogado General y encomendarte particularmente el diseño de los capítulos relativos a la solución de controversias no solo de ese tratado, sino del G3, el acuerdo con Bolivia, y el de Costa Rica. Tus contrapartes canadiense y estadounidense aún recuerdan la precisión de tus intervenciones, tu visión aguda, tu destreza en la negociación y tu altísima técnica a la hora de redactar. Siempre me pareciste muy francés en esas habilidades tuyas… Se cuenta incluso la anécdota de que cuando redactaste las primeras versiones de los capítulos XI, XIX y XX del Tratado y las enviaste para comentarios a tus colegas de Canadá y Estados Unidos, el número de anotaciones a tu texto fue mínimo. También muchos cuentan que en el primer evento público que hubo en Washington con representantes de los tres grupos negociadores y en el que tú representabas a México, al empezar cada uno a hablar, el público se preguntaba ‘¿pero cuál de ellos es el mexicano? ¿acaso no habrá venido?’ pues hablabas sin acento alguno. Lo mismo cuando hablabas francés.
Así pasaste cuatro años en la entonces SECOFI, donde conociste a muchos de los que después se convertirían en tus socios y amigos. Una vez en vigor el tratado, decidiste abrir tu despacho con Luis Alberto Aziz, en el número 935 de Paseo de la Reforma, una hermosa casa mexicana (obviamente) con un vestíbulo espectacular y caballerizas para los pasantes. Ahí me contrataste en enero de 1995 y me pediste como primera tarea que preparara una presentación en power point del TLC en francés. Yo sabía francés, medio sabía qué era el TLC, pero no sabía usar power point. No vale la pena detallar el número de veces que reinicié la misma lámina y las peripecias que pasé, pero me hicieron llegar a casa ese día convencida de que mi primer trabajo como pasante de derecho duraría media semana; me diste una segunda oportunidad… La tercera oportunidad me la concediste cuando te enteraste que, contrario a lo que pensabas, le voy al América, no a los Pumas… esa vez casi me rescindes el contrato…
En 1996 Aguilar Álvarez y Asociados se transformó en SAI Consultores y desde ahí empezaste a idear lo que un año después sería el Centro de Arbitraje de México (CAM), institución que en este verano, a días de tu desaparición, sólo física, cumplió 20 años de haber sido fundada. Ahí te asociaste con exministros de la Corte y académicos reconocidos e imprimiste aún con mayor fuerza tu sello en lo que ahora es una institución nacional administradora de arbitrajes sólida y confiable.
En 2005 decidiste mudarte con tu familia a Nueva York. Empezaste con una experiencia académica en la escuela de derecho de Yale y, ni tontos ni perezosos, varios despachos norteamericanos te buscaron para invitarte a ser parte de su equipo. Así estuviste algunos años en Weil, Gotshal & Manges y después en King and Spalding. Se confirmó lo que ya eras desde antes: uno de los árbitros más destacados a nivel internacional. Nos parábamos el cuello, aún lo hacemos y estoy segura que siempre lo haremos, cuando oíamos decir que Guillermo Aguilar Álvarez es mexicano.
Hace uno años iniciaste una batalla dura, la más dura para ti y para tus seres queridos. A pesar de ello, siempre conservaste tu humor, tu compromiso laboral, tu lucidez como uno de los mejores abogados que ha dado este país. Contestabas correos con monosílabos, pero nunca dejaste de hacerlo.
Te cuento, Memo, por último, que la semana pasada se organizó un evento en el CIDE en tu honor y en él, Jaime Serra entregó en mano al Secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, lo que será para la delegación de México la propuesta de capítulo anticorrupción de la nueva versión del TLC, texto que de nuevo surgió de tu propia pluma. Apuesto que una vez más tus palabras serán derecho vigente para los mexicanos.
A los que tuvimos la oportunidad de conocerte y trabajar contigo, nos queda el recuerdo del reto diario, de los cuestionamientos duros, de la calidad por encima de todo. Nos queda hacer honor a esa forma tuya de practicar el derecho con criterios altos y estrictos, de poner a la familia y a los amigos por encima de todo y de ver siempre la mejor cara de nuestro México. No dejes de vigilarnos Memo y de enviarnos mensajes, pues tenemos un trabajo arduo que hacer para seguir tu ejemplo.
Me despido por ahora de ti y de este público que amablemente ha escuchado estas sentidas palabras, citando la descripción que Jan Paulsson recientemente compartió con GAR:
Guillermo was ‘the perfect gentleman and friend, exquisitely cultivated without the slightest pretension, humorous but never at anyone’s expense, always actively concerned for others but never intruding. I could wish for nothing more than that my son grows up to be like Guillermo’.
Hasta pronto Memo.